Toma de decisiones en una empresa

La estrategia de una empresa debe ser flexible y dinámica para adaptarse a cada etapa de su ciclo de vida y a los cambios en el mercado.

La toma de decisiones en una empresa tiene como fin encontrar las mejores soluciones en cada momento. Es un proceso que debe alinearse con los objetivos de la sociedad y las circunstancias internas y externas.

Una de las decisiones prioritarias en cualquier negocio es la de establecer vías eficientes para conseguir liquidez y afrontar los retos del día a día. La liquidez es el soporte principal para lograr la estabilidad financiera y aspirar a un crecimiento sostenible.

En Circulantis, ofrecemos más poder de decisión a las empresas para anticipar sus facturas y cobrar cuanto antes. Nuestra iniciativa de financiación colectiva -crowdlending- otorga toda la autonomía y libertad que necesitan.

¿Cómo tomar decisiones en una empresa?

La importancia de toma de decisiones en una empresa adquiere un papel fundamental en la actualidad. Todas se enfrentan a un entorno global y digital muy cambiante, con clientes cada vez más exigentes y activos.

Es necesario observar los problemas desde distintos enfoques y adoptar una estructura flexible que permita actuar con rapidez para adaptarse a cada situación. Se trata de aprender a reflexionar y reaccionar in situ.

El marco legal también es decisivo. En general, son esenciales las medidas para evitar riesgos en la fiscalidad de una empresa y para cumplir con eficacia el resto de obligaciones administrativas.

La capacidad de reacción es fundamental.

Las claves principales para afrontar las decisiones en una empresa son:

  • Manejar siempre una información fiable.
  • Comprender los retos que hay que afrontar, tanto problemas como oportunidades.
  • Analizar la incertidumbre y el riesgo de cada escenario. A veces, conviene esperar.
  • Determinar las directrices o métodos para tomar cada decisión.

El análisis de datos (o Big Data) está considerado como una herramienta imprescindible para la toma de decisiones. Permite recopilar un gran de volumen de información para presentarla de forma sencilla y agrupada, con todas las cifras relevantes a la vista.

Con este enfoque analítico se puede decidir de forma objetiva. Sin embargo, hay que verificar los canales de información para evitar datos incorrectos, desactualizados o demasiado sesgados.

En otras ocasiones, la experiencia y la creatividad son más determinantes. Ante una amenaza o una oportunidad común, apostar por una perspectiva menos técnica puede significar un valor añadido para diferenciarse y lograr ventajas competitivas.

Etapas del proceso de toma de decisiones

En general, la mayor parte de las decisiones en una empresa se pueden prever y planificar estableciendo un patrón de actuación. Son más complicadas las que surgen de una situación nueva en un escenario de incertidumbre.

Aunque cada decisión depende del momento y las circunstancias es positivo considerar estas etapas:

  1. Analizar la situación: qué hay que decidir (solucionar un problema, aprovechar una oportunidad, evaluar una inversión…), qué objetivos se buscan, qué beneficios puede generar, cuál es el contexto y los condicionantes, etc.
  1. Recopilar toda la información relevante. Según el caso, pueden ser indicadores internos y externos, datos de mercado, cambios en los patrones de consumo, novedades legislativas…
  1. Identificar todas las alternativas: lo mejor es tener una perspectiva amplia y creativa.
  1. Sopesar el impacto de cada opción: evaluar el riesgo, el coste económico y financiero, el beneficio comercial, las dificultades de implantación, etc.
  1. Definir los criterios de selección y el método a utilizar para decidir, por ejemplo:
  • Elección individual (priorizando la experiencia o la jerarquía)
  • Elección consensuada (argumentación y votación)
  • Uso de modelos matemáticos o cuantitativos
  • Solicitar asesoramiento externo
  1. Implantación. A una decisión hay que darle forma. La comunicación es fundamental para conseguir el compromiso del personal implicado. Es importante que las medidas sean coherentes con la capacidad y responsabilidades de cada uno.
  1. Evaluar los resultados. Hay que establecer mecanismos de control para revisar y corregir lo que sea necesario: revisión y retroalimentación.

Tipos de decisiones a tomar en una empresa

En España, la mayoría de negocios están en manos de autónomos, empresas familiares o sociedades limitadas con pocos socios. Las decisiones importantes las toman un grupo reducido de personas.

Hay diferentes tipos de toma de decisiones en una empresa. En general, depende del tamaño y el tipo de negocio.

  • Decisiones de dirección. Deciden los directivos o gerentes. Es la forma habitual en las empresas pequeñas. En las más grandes se suele delegar y la dirección se ocupa de estudiar los resultados y de planificar medidas a medio y largo plazo.
  • Decisiones individuales. Las que toma un trabajador dentro de sus obligaciones diarias. Un error o un descuido puede tener bastante trascendencia en costes o pérdida de algún cliente.
  • Decisiones rutinarias o programadas: son habituales y se rigen por un procedimiento establecido.
  • Decisiones de riesgo. Son aquellas que se toman en una situación crítica y se afrontan consecuencias más graves ante una mala elección.

¿Qué tipos de decisiones hay que tomar?

El abanico de decisiones corporativas es amplio, aunque se pueden separar en dos bloques: estratégicas y operativas. Unas para preparar el futuro y otras para gestionar el día a día.

Estos son algunos ejemplos:

Estratégicas

Las toma la dirección o gerencia dentro de un escenario de mayor o menor riesgo.

  • Modelo de negocio: qué producir y cuánto (producto, stock, precio, promoción); o para quién (tipo de cliente, coste comercial, conveniencia).
  • Planificación financiera: evaluación de inversiones, endeudamiento y fuentes de financiación.
  • Gestión de personal: planes de formación, política de retribución o medidas de conciliación.
  • Salida al mercado exterior: mercados preferentes, tipos de alianzas, etc.

Operativas

Pueden ser individuales o programadas (en dependencia del departamento correspondiente). Se suelen tomar bajo unas directrices determinadas:

  • Medidas administrativas: control de la contabilidad de una empresa, gestión de impuestos o la adaptación a nuevas normativas (como la LOPD o el registro de jornada).
  • Política de compras y selección de proveedores.
  • Control de costes: planes de acción para mejorar la eficiencia y el ahorro.
  • Ajustes de tesorería: control de cobros y pagos, anticipos de facturas, revisión de ratios financieros…
  • Atención al cliente: normas de comportamiento, servicio postventa, fidelización.

Cualquier decisión tiene un impacto. El rumbo de una empresa está directamente relacionado con las decisiones que ha tomado.

Es una pena que cierren negocios con potencial por errores en cuestiones clave como la planificación financiera o por no conocer todas las opciones para obtener liquidez.

Es muy importante, para el tejido empresarial de este país, que los autónomos y pymes dispongan de mayor información y asesoramiento para tomar mejores decisiones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *