Estamos acostumbrados a escuchar que el mundo de la inversión financiera es infinito. Es decir, que hoy la sofisticación de los mercados financieros nos permite invertir en cualquier activo de cualquier naturaleza y origen. De hecho, tenemos a nuestro alcance renta fija, renta variable, materias primas… y cualquier producto derivado o de inversión colectiva que los tenga como subyacente de cualquier lugar del mundo. Además, la globalización y el crecimiento de internet están favoreciendo invertir desde tu casa o trabajo, sin gran cantidad de dinero e incluso sin una elevada formación financiera. Por todo ello, resulta paradójico que la mejor opción de inversión financiera se pueda encontrar en la empresa de la esquina. Efectivamente, las entidades financieras ya descubrieron hace siglos las ventajas de prestar dinero a las empresas para sus operaciones comerciales; verdaderamente el origen de su negocio. Las razones son evidentes: bajo riesgo, elevada rentabilidad, vencimientos cortos, liquidez y descorrelación con otro tipo de activos. Quizá por todo ello, ha sido hasta ahora un activo reservado para bancos, prestamistas privados y financieras especializadas. No obstante, existe una tendencia mundial hacia la desintermediación bancaria (‘shadow banking’) que está alcanzando destinos tradicionalmente inaccesibles: fondos mezzanine, crowdlending, mercados bursátiles alternativos, mercados de renta fija para pymes, etc. Para que estas iniciativas tengan éxito, es fundamental que exista una gran transparencia y que la oferta y la demanda se encuentren de modo libre. Es decir, es necesario un mercado eficiente, profundo, diversificado y líquido para que estos activos sean atractivos para el inversor. Afortunadamente, internet nos brinda esta excelente oportunidad y ya podemos diseñar nuestro portfolio de inversión con bonos, acciones y ahora pagarés de empresa de elevada solvencia, accediendo a la rentabilidad, liquidez y diversificación tan necesarias para una cartera equilibrada.   Fernando Ibáñez – Socio fundador Circulantis

DERECHOS RESERVADOS

Estamos acostumbrados a escuchar que el mundo de la inversión financiera es infinito. Es decir, que hoy la sofisticación de los mercados financieros nos permite invertir en cualquier activo de cualquier naturaleza y origen. De hecho, tenemos a nuestro alcance renta fija, renta variable, materias primas… y cualquier producto derivado o de inversión colectiva que los tenga como subyacente de cualquier lugar del mundo. Además, la globalización y el crecimiento de internet están favoreciendo invertir desde tu casa o trabajo, sin gran cantidad de dinero e incluso sin una elevada formación financiera.

Por todo ello, resulta paradójico que la mejor opción de inversión financiera se pueda encontrar en la empresa de la esquina. Efectivamente, las entidades financieras ya descubrieron hace siglos las ventajas de prestar dinero a las empresas para sus operaciones comerciales; verdaderamente el origen de su negocio. Las razones son evidentes: bajo riesgo, elevada rentabilidad, vencimientos cortos, liquidez y descorrelación con otro tipo de activos.

Quizá por todo ello, ha sido hasta ahora un activo reservado para bancos, prestamistas privados y financieras especializadas. No obstante, existe una tendencia mundial hacia la desintermediación bancaria (‘shadow banking’) que está alcanzando destinos tradicionalmente inaccesibles: fondos mezzanine, crowdlending, mercados bursátiles alternativos, mercados de renta fija para pymes, etc.

Para que estas iniciativas tengan éxito, es fundamental que exista una gran transparencia y que la oferta y la demanda se encuentren de modo libre. Es decir, es necesario un mercado eficiente, profundo, diversificado y líquido para que estos activos sean atractivos para el inversor.

Afortunadamente, internet nos brinda esta excelente oportunidad y ya podemos diseñar nuestro portfolio de inversión con bonos, acciones y ahora pagarés de empresa de elevada solvencia, accediendo a la rentabilidad, liquidez y diversificación tan necesarias para una cartera equilibrada.

 

Fernando Ibáñez – Socio fundador Circulantis

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